Blog de Jonathan (en español)


10 cosas sobre la ofrenda de la Iglesia que haría como pastor.

No soy pastor, nunca lo he sido; pero vivo y opero dentro de un ministerio a tiempo completo alrededor del mundo. De vez en cuando, recibo ciertas acusaciones de algunas personas que me dicen que mis teorías “son lindas, pero no son prácticas.” A la luz de las mismas, decidí hacer una lista de diez cosas prácticas que yo haría como pastor de una iglesia local, con la esperanza de que sean de ayuda para varios.

 

  • Me encomendaría personalmente a ofrendar.

Si un padre espiritual no ofrenda, ¿cómo va a esperar que sus hijos lo hagan?

 

  • Exhortaría a mi equipo de líderes a ofrendar.

Si el líder es un dador, entonces también su equipo será capaz de experimentarlo en sus vidas personales.

 

  • Predicaría sobre dinero cuatro veces al año.

Enero, abril, julio y noviembre. Jesús habló de dinero mucho más que cuatro veces. Sin embargo, los pastores se sienten incómodos hablando de dinero durante dos minutos cada domingo antes de orar por las ofrendas. No es trabajo de un líder de negocios enseñarle a mis ovejas sobre mayordomía, sino el mío. (Las enseñanzas de los líderes de negocios también pueden ser útiles, pero ese no es mi punto).

 

  • Estaría al tanto de quiénes ofrendan y quiénes no (y cuánto).

La gran mayoría de pastores piensan si supiesen quiénes ofrendan y quiénes no –y cuánto dinero dan–, mancharía su perspectiva de las personas. Pero hacer esto no es sabio. El apóstol Pablo fue tan lejos como para comparar las ofrendas entre la iglesia de Macedonia con las ofrendas de la iglesia de Corinto (2 Corintios 8:1-8). Pedro estaba al tanto de cuánto dinero estaban dando las personas cuando sobrenaturalmente recibió una palabra de ciencia sobre Ananías y Safira y supo que estaban mintiendo (Hechos 5). Pablo escribió que algunos tienen el don de dar y de generosidad (Romanos 12:8). ¿Cómo puede saber un pastor cómo ayudar a desarrollar el don de generosidad en una persona, si no sabe que tiene este don?

 

  • Exhortaría a mis ovejas a que le den un porcentaje del total de sus ingresos a la iglesia local (1 Corintios 16:1-4). Esto no es reintroducir el sistema de diezmo.

 

  • Me juntaría con las diez personas que más ofrendan dos veces al año.

…y les contaría de los planes futuros y los direccionaría para que se involucren personalmente. Aquellos con el don de generosidad estarían en este grupo. Sería una reunión de Reino, en donde se tomarían decisiones, cada seis meses. ¿Es esto demasiado directo? ¡Absolutamente! ¡El avance del Reino es demasiado importante como para no hacerlo! Estamos en guerra con los demonios detrás del islam, budismo, hinduismo y ateísmo; no tenemos tiempo como para ser sigilosos respecto al dinero.

 

  • Exhortaría a la iglesia para que cada miembro de la congregación participe de un viaje misionero internacional cada 24 meses.

 

  • Es importante que todos sepan que son parte de una Iglesia que con su dinero está tocando las naciones, no simplemente comprando papel higiénico para las reuniones de los domingos.

 

  • Pondría un video testimonial cada semana.

Todos tendrían que ser capaces de ver lo que pasa con los jóvenes, los niños, los misioneros, el evangelismo, etc. Un video testimonial de dos minutos cada semana sería mucho más saludable que las incómodas (y/o manipuladoras) peticiones de dinero que muchos hacen cada semana.

 

  • La calidad importa.

No podemos continuar ofreciendo cada semana enseñanzas mediocres, música fea, y tecnología de los años ’90, y al mismo tiempo decir que queremos cambiar el mundo. Es una desconexión ridícula. Tendríamos que ofrecer calidad para así poder “hacer honor a la enseñanza de nuestro Salvador.” (Tito 2:10).

 

  • Emitiría una gran visión.

La Iglesia es la más importante de las organizaciones de todo el planeta. Somos un conjunto de embajadores sobrenaturales, que cargan el corazón de Padre para este mundo huérfano. Si no podemos mostrar y desarrollar nuestra visión de una manera en la que los cristianos quieran abrir su billetera y poner sus billetes en el alfolí, entonces no estamos captando y comunicando bien la importancia de nuestra visión.