Blog de Jonathan (en español)


Ella merece ser protegida

"No somos depredadores, somos protectores."
Jonathan Welton

 

 

Había abierto un club de striptease cerca de mi iglesia en Chicago, que estaba permitiendo ilegalmente a menores. Por esta razón, me dirigí al dueño del lugar para confrontarlo respecto a lo que estaba permitiendo.

 

Él me respondió: “Hombre, ¿quién eres tú de todos modos?”

 

Le dije: “Soy Harvey Carey, el pastor de jóvenes de la iglesia bautista de Salem.”

 

“Permíteme decirle algo,” respondió. “Esto se trata de dinero, y de todas maneras, ¡¿qué van a hacer tú y un grupo de jovencitos?!”

 

Así que volví y traje a mi grupo de jóvenes esa noche, que en ese entonces estaba compuesto por 900 estudiantes. Mi liderazgo y yo nos vestimos de manera casual, para no parecer “tan de iglesia” y nos fuimos. Llenamos casi 20 autobuses con estudiantes de nuestro grupo de jóvenes. Estacionaron en la esquina del club de striptease, donde no podían ser vistos.

 

Mi liderazgo y yo nos acercamos a la puerta principal del club y leímos las reglas de ingreso: “Debes vestir una camisa. Debes vestir zapatos. No se permiten sombreros o gorras.” Dado que cumplíamos con los requisitos, procedimos a ingresar.

 

Sé lo que algunos de ustedes están pensando: “Por dios, pastor. ¡Ahí no es donde van los cristianos!”

 

¡Tonto! ¡¿Has siquiera leído la Biblia?! ¡Ahí es justamente donde van los cristianos! ¡A cambiar el mundo! Sí, la luz pertenece a la oscuridad. No somos luz para solo tener comunión con la luz.

 

Llamé a mi liderazgo en los autobuses y les dije: “¡Ya es hora!” Los estudiantes descendieron y rodearon el edificio de rodillas en oración.

 

El grupo de líderes que estaba adentro y yo, nos acercamos al escenario y nos pusimos de rodillas en oración. Comenzamos a clamar, “¡En el nombre de Jesús!”

 

El personal de seguridad se acercó hacia mí y me dijeron: “Señor, ¡no pueden hacer eso aquí!”

 

Les dije, “¡Muéstrame el letrero! Estoy vistiendo una camisa, zapatos, y no tengo ningún gorro o sombrero. ¡Pagué mis 25 dólares en la puerta y puedo hablar con Dios si quiero hacerlo!”

 

La presencia de Dios llenó el club de tal manera, que las bailarinas tuvieron convicción y comenzaron a tomar sus cosas para abandonar el edificio. Alrededor del club, los miembros de mi grupo de jóvenes interceptaron a aquellas preciosas bailarinas y comenzaron a ministrar a sus corazones.

 

¡Esa noche el club cerró y nunca más volvió a ser abierto![i]

 

Anteriormente establecí que los hombres somos llamados a ser rescatistas y protectores de las mujeres. No somos depredadores; somos protectores. La siguiente es una muestra de la situación actual de nuestro planeta. Revertir estos números es nuestra misión, nuestro llamado, nuestra tarea:

 

  • Hay 1.4 millones de víctimas (mujeres y niños) en esclavitud en el comercio de la industria del sexo.
  • Menos de 2% de estas víctimas son rescatadas.
  • 1 de cada 100.000 traficantes de personas en Europa tienen un juicio en la corte.[ii]
  • La O.N.U reportó en 2009 que más del 40% de las mujeres de Latinoamérica han sido víctimas de violencia física.
  • En Asia, 60 millones de jovencitas “están perdidas” debido a la selección prenatal del sexo, al infanticidio, y a la negligencia. En China, a las parejas jóvenes solo les es permitido tener un solo hijo, y prefieren a los varones. Por esta razón, las bebés mujeres son dejadas huérfanas, tiradas en los ríos, dejadas en escaleras o abandonadas en los bosques.
  • En muchos países islámicos las mujeres mueren de matanzas de honra. Las mujeres que se atrevan a no estar de acuerdo con sus maridos o que muestren una mínima falta de respeto, serán enterradas hasta la cintura por sus maridos y otros familiares varones, y luego lapidadas públicamente. Esta práctica es ilegal, pero se estima que miles de estas matanzas tienen lugar cada año.
  • La mutilación genital femenina afecta a 130 millones de mujeres y niñas, mayormente en África. Cada año, 2 millones de mujeres son sometidas a esta práctica barbárica.[iii]
  • “El autor George Gilder en Sexual Suicide reportó que los hombres cometen más del 90% de los crímenes de violencia, 100% de las violaciones, y 95% de los robos. Los hombres componen el 94% de los hombres alcoholizados, el 70% de los suicidas, y el 91% de los ofensores contra la familia y los niños.”[iv]

 

Hombres, nuestras hermanas nos necesitan. Literalmente, están clamando por nuestra ayuda. No podemos continuar jugando con el pecado; debemos convertirnos en quien Dios nos llamó a que seamos y ser el cambio para lo que está sucediendo en este mundo. Muchos de nosotros quieren ver el fin de esas atrocidades, y el primer paso es salir del lazo de los espíritus malvados que operan detrás de esa industria. No debemos permitirle a nuestra mente ver a las mujeres de la forma en la que el diablo nos dice. Tal como Shelley Lubben, una exactriz porno que se convirtió en cristiana y ahora es una activista anti-porno, estableció en su libro, ¡nuestras hermanas nos necesitan!:

 

La verdad es que nosotras, las actrices porno, queremos terminar con la vergüenza y el trauma de nuestras vidas, pero no podemos hacerlo solas. Necesitamos que ustedes, hombres, nos ayuden a pelear por nuestra libertad y nos den su apoyo y honor. Necesitamos que nos abracen con sus brazos fuertes mientras derramamos lágrimas por causa de nuestras profundas heridas y comencemos a sanar. Queremos que te deshagas de nuestras películas y que nos ayudes a unir los fragmentos rotos de nuestras vidas. Necesitamos que ores por nosotras para que Dios te oiga y repare nuestra ruina. No creas la gran fantasía. El porno no es nada más que sexo falso, moretones y mentiras en video. Créeme, yo lo sé.[v]

 

Es tiempo de que seamos como Jesús. Ya hemos hablado de la manera en la que somos llamados a tratar a las mujeres como nuestras hermanas, con dignidad y respeto. Pero ser como Cristo va más allá de no maltratar y desear a nuestras hermanas. No es suficiente dejar de mirarlas como objetos de placer: es tiempo de que nos levantemos agresivamente y nos volvamos rescatistas, protectores y héroes con la forma de Jesús.

 

La mayoría de los hombres que luchan con el pecado sexual tienen problemas con la culpa y la vergüenza. Se sienten impotentes y se preguntan si alguna vez podrán ser libres. Si ya le han pedido ayuda a un terapista o leído la mayoría de los libros actuales del tema, sentirán que se les ha pegado una etiqueta de adicto y junto con ella, la promesa: “Una vez adicto, siempre adicto.” Desafortunadamente, esos hombres seguirán yendo de una metodología a la otra, buscando solamente su libertad personal.

 

Debemos romper con este círculo. Los millones de mujeres que están siendo usadas, abusadas y tiradas a la calle como basura cada día, están clamando en sus corazones, preguntándose: “¿Alguna vez alguien podrá amarme verdaderamente y ayudarme?”

 

Dios no nos hizo libres para que solo podamos ser felices y ya no tener más vergüenza. Sí, el nos quiere libres, pero con un propósito. Somos hechos libres para traer libertad a otros. Tal como Jesús dijo en Mateo 10:8: “…de gracia recibieron; de gracia den.”

 

O eres un protector y un rescatista, o eres un usurero y abusador; no hay punto intermedio. Quizás hayas razonado que solo miras un poquito de pornografía, pero que en verdad no miras ni tratas a las mujeres como objetos descartables de placer. Considera lo que haces cuando terminas de mirar pornografía. Si eres como la mayoría de los hombres, borras el historial de navegación del buscador de tu computadora, tiras la revista o el DVD en la basura, o tomas las imágenes o videos de tu computadora y los pones en la papelera de reciclaje.

 

Claramente, debes remover este material de tu vida; pero el individuo que descarga videos todos los días y luego los borra de su computadora está implantando un poderoso mensaje en su cerebro: Las mujeres pueden ser usadas, abusadas, y desechadas. ¡Las mujeres no tienen valor y son completamente desechables!

 

Debemos volvernos agresivos y quedarnos a la ofensiva. Si nos volvemos neutrales o si estamos a la defensiva en esta pelea, perderemos terreno. Como alguien una vez dijo, “La razón por la que el mal triunfa es porque los hombres buenos no hacen nada.” Nadie está mejor preparado para responder a las atrocidades del mal que se comete en contra de las mujeres, que los hombres que han sido liberados de este sistema de pecado. Es tiempo que el 82% de los hombres cristianos que están en cautividad, sean liberados para que traigan libertad a las mujeres de todo el mundo.

 

¿No debería la Iglesia estar liderando el rescate de las mujeres atrapadas en opresión? Hemos escondido nuestro problema en esta área por demasiado tiempo. Es tiempo de confesar, de salir de la atadura, y de ir a rescatar a otros.

 

Hermano, límpiate la vergüenza de la cara. Tienes un trabajo que hacer. Quizás te equivoques un par de veces más mientras tomas el camino de salida de la vida en pecado, pero te he dado todas las herramientas para ser libre y mantenerte libre. El eje central de todo este problema es que no te enfoques en tu libertad personal como objetivo final. Estás siendo liberado para que puedas ser como Cristo y traerle libertad a aquellos que más lo necesitan. Una vez que eres libre de la trampa del pecado sexual, no dejes a tus hermanas en prisión.

 

¡Dios está llamando a los guerreros espirituales a que se levanten! Debemos oír el llamado y volvernos guerreros de oración y rescatistas. Nuestras hermanas e hijas nos necesitan; ¡es tiempo de que los hombres se levanten en rescate!

 

 

Herramienta

 

Júntate con el grupo de hombres de tu iglesia y lean este libro. No se están juntando para luchar juntos por su libertad personal, sino como un equipo de rescate. Armen juntos una oración y oren juntos, y pídanle sabiduría y estrategias al Señor para saber cómo pueden alcanzar a las hermanas atrapadas en un estilo de vida sexual desordenado. Estas son solamente algunas ideas:

 

  1. Júntense frente a un club de striptease y oren por aquellas mujeres, para que conozcan el perfecto amor de su Padre celestial.

 

  1. Escríbele a una estrella del cine porno diciéndole a él o a ella de la verdadera libertad y la vida libre de vergüenza que puede tener en Cristo. Dile cuándo Dios lo/la ama.

 

  1. Escríbele a los ministerios que trabajan con mujeres en esclavitud sexual o trata de blancas y anímalos en su misión. Su obra es solitaria, y tu apoyo los bendecirá tremendamente.

 

  1. Visita la/s calle/s de tu ciudad en donde hay prostitución. Vayan en grupos de a dos, y regálenle rosas a las mujeres que conozcan. Comparte con ellas que Dios las ve como Sus rosas y cuánto Él las ama.

 

  1. Periódicamente, organicen un desayuno para hombres para animarse mutualmente, no solo en su libertad personal, sino también como los héroes que las mujeres necesitan en este mundo.

 

[i] El pastor Harvey Carey compartió esto en Niagara Conference 2003.

[ii] Charisma Magazine (Diciembre de 2010), 60.

[iii] Ibid., 50.

[iv] Stephen Arterburn, Fred Stoecker, y Mike Yorkey, Every Man’s Battle (Colorado Springs, CO: WaterBrook Press, 2000), 62.

[v] Shelley Lubben, Truth Behind the Fantasy of Porn: The Greatest Illusion on Earth (Shelley Lubben Communications, 2010), 7.