Blog de Jonathan (en español)


Los mitos de las maldiciones generacionales

Si hace mucho tiempo que eres parte de una Iglesia pentecostal, probablemente hayas oído bastante respecto a las “maldiciones generacionales” y la iniquidad. Ambos son temas clave en ministerios de sanidad interior. El concepto es que el alcoholismo, la adicción a las drogas, la lujuria, la ira, e innumerable cantidad de otras cosas malas están conectados con hábitos pecaminosos de tus padres o de tus abuelos… incluso hasta de generaciones más antiguas. Una vez escuché a un maestro muy popular enseñar de las maldiciones de las generaciones de ¡hace 400 años!

 

La Biblia menciona estas iniquidades o “maldiciones generacionales” en muchos lugares (Éxodo 20:5; 34:7; Números 14:18; Deuteronomio 5:9). Dios nos advierte que “Él es un Dios celoso, que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen.”

 

De acuerdo a otro escritor:

 

“Suena injusto que Dios castigue a los hijos por los pecados de sus padres. Sin embargo, hay más que eso. Los efectos del pecado se traspasan naturalmente de una generación a la otra. Cuando un padre tiene un estilo de vida pecaminoso, sus hijos tendrán la tendencia de seguir con el mismo estilo de vida. Implicado en la advertencia de Éxodo 20:5 está el hecho de que los hijos elegirán repetir los pecados de sus padres. En el Tárgum hebreo se especifica que este pasaje hace referencia a “padres aborrecedores de Dios.” Entonces, no es injusto para Dios castigar el pecado hasta la tercera y cuarta generación, porque estas generaciones estaban cometiendo los mismos pecados que sus ancestros: el odio hacia Dios.”

 

¿Qué tenemos que pensar respecto a la iniquidad y su impacto para nosotros en el Nuevo Pacto?

 

¡Dios cambió las reglas incluso antes de que el Nuevo Pacto llegase!

 

El Señor me dirigió la palabra: «¿A qué viene tanta repetición de este proverbio tan conocido en Israel: “Los padres comieron uvas agrias, y a los hijos se les destemplaron los dientes?” Yo, el Señor omnipotente, juro por mí mismo que jamás se volverá a repetir este proverbio en Israel. La persona que peque morirá. Sepan que todas las vidas me pertenecen, tanto la del padre como la del hijo. (Ezequiel 18:1-4. NVI).

 

De acuerdo a este pasaje del Antiguo Testamento, encontramos que Dios ya había comenzado a relacionarse con su pueblo de manera individual y no colectivamente, basándose en sus ancestros. Esto fue antes del cambio entre el Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto.

 

Entonces, este es el punto:

 

Bajo el Antiguo Pacto, Dios era el que enviaba una maldición generacional a una familia durante tres o cuatro generaciones. Sin embargo hoy en día, cuando una persona que es la cuarta generación de alcohólico en su familia acude a un ministerio de sanidad interior, jamás he escuchado al ministro de sanidad interior decirle: “Dios te está maldiciendo con alcoholismo, y ahora necesitas arrepentirte para que Dios remueva la maldición con la que Él mismo te castigo y deje de provocarte que seas un alcohólico” (Opción 1).

 

En cambio, el ministro típicamente dirá: “Tienes una iniquidad y tienes tendencia a ser alcohólico porque es una maldición generacional, pero Dios quiere que seas libre, así que arrepintámonos juntos y oremos por tu libertad.” (Opción 2).

 

La verdad es que la opción 1 era cierto solo en el Antiguo Pacto. En aquel entonces, Dios mismo era el que traía una maldición hasta la tercera y cuarta generación. Pero bajo el Nuevo Pacto, ¡Dios no le trae maldiciones a nadie! Así que necesitamos dejar de llamar a esta forma de sanidad interior “maldiciones generacionales” porque nos estamos mintiendo a nosotros mismos y a las personas que ministramos.

 

En el Nuevo Pacto, no debemos remover una maldición de Dios, como lo hacía la gente del Antiguo Pacto.

 

Pero, ¿por qué esto da resultado?

 

Cuando un ministro conduce a un individuo a una oración como la de la opción 2, hay un efecto sobre tal persona. Esto es porque la persona está rechazando las mentiras y se está alineando con la verdad. Esto NO se da porque dijimos “las palabras mágicas” de iniquidad o “maldición generacional” como si fuese una varita mágica con la que tocamos a la persona.

 

Alinearse con la verdad y renunciar a las mentiras es algo suficientemente poderoso como para hacerte verdaderamente libre. Pero Dios no está maldiciendo a nadie hoy en día, y nadie está bajo una maldición generacional como las que traía Dios en el Antiguo Pacto.

 

Pero, ¿por qué todavía hay pecados que se repiten generación a generación en las familias?

 

Lo que sucede en estos casos es la manifestación de un ataque de un espíritu demoníaco, quienes sí visitan a las familias generacionalmente. Estos demonios también son conocidos como “espíritus familiares” y vienen una y otra vez trayendo tentaciones. En lo personal, nunca me sentí tentado a drogarme. Hasta donde conozco, nadie en mi historia familiar ha experimentado con drogas jamás, así que este no es el tipo de ataque que un espíritu familiar traería en contra de mí. Un espíritu familiar trae tentaciones que son conocidas para ti y tus parientes.

  

Si un individuo está luchando para ser libre en algún área en especifico, quizás su familia también se enfrente a ese mismo tipo de tentación, y un espíritu familiar podría ser quien la trae. Lo mejor sería lidiar con las mentiras de raíz, romper el alineamiento con el espíritu demoníaco y alinearnos con la verdad. Pero seguir usando el lenguaje de “maldición generacional” o iniquidad es, en el mejor de los casos, desacertado, y en el peor de los casos, ¡es acusar a Dios de enviar una maldición sobre uno de Sus hijos!