Blog de Jonathan (en español)


No estoy esperando el Reino de Dios

Si estás esperando el Reino de Dios, entonces tu teología está equivocada en algún punto.

 

Este es uno de los muchos pensamientos que tuve después de pasar el día con un grupo de personas que se describían a sí mismos como carismáticos, pero que eran dispensacionalistas en su manera de pensar. Permíteme definir lo que quiero expresar.

 

La enseñanza dispensacionalista dice que cuando los judíos del siglo primero rechazaron a Jesús como Mesías, Dios tuvo que acudir a un plan B; es decir, a lo que nosotros conocemos como Iglesia. Para afirmar tal declaración, se basan en la creencia de que ningún profeta del Antiguo Testamento profetizó respecto a la llegada de la Iglesia, y que por tal razón Dios la creó –como un plan B– para salvar a los gentiles. Los dispensacionalistas también dicen que Dios raptará a la Iglesia del mundo para restablecer nuevamente Su relación con los judíos, en la Era del Reino (en el mundo post-Rapto).

 

Por lo tanto, la enseñanza dispensacionalista enseña que estamos viviendo en la llamada Era de la Iglesia hasta que seamos raptados, y así comience la Era del Reino. La Biblia no enseña nada de esto, pero el dispensacionalismo sí.

 

La verdad del asunto es que si Reino de Dios viniese al culminar la Era del la Iglesia, entonces gran parte de las enseñanzas del Nuevo Testamento no tendrían VALOR ALGUNO para nosotros. Por poner solo un ejemplo, el libro de Mateo está lleno de parábolas respecto al Reino. Si las mismas solo tendrán un sentido después de que seamos raptados, ¡podríamos simplemente arrancar esa parte de la Biblia y tirarla a la basura, ya que no tiene aplicación alguna para nosotros!

 

El Antiguo Testamento muy claramente profetiza respecto a la llegada del Reino de Dios en el siglo primero. En Daniel 2, encontramos que Nabucodonosor tuvo un sueño de una estatua. La misma representaba cuatro reinos: Babilonia, Medopersia, Grecia, y el Imperio Romano. En la base de la estatua había diez dedos hechos de hierro y arcilla. La historia registra que estos cuatro reinos vinieron tal como el sueño había predicho.

 

Luego de establecerse el Imperio Romano, fue dividido por Augusto en diez provincias (los diez dedos de los pies) durante su reinado (27 A.C. – 14 D.C.). Es sobre esos diez dedos que el sueño de Nabucodonosor profetizó que vendría una roca que impactaría y crecería hasta ser un Reino que llenaría el mundo entero. Jesús es la Roca. Él llegó en un pesebre en el año 3 D.C. (durante el período de los diez dedos de los pies de la estatua) e impactó en el Imperio Romano.

 

El Reino comenzó a crecer cuando Juan el Bautista empezó a predicar “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Luego, después de Su bautismo, Jesús predicó el mismo mensaje. Él dijo que Su Reino crecería como la levadura, llenando todo el mundo (Mateo 13:31-33). Cuando Jesús murió en la cruz, removió el poder del diablo y de nuestra naturaleza pecadora. Jesús trajo el Reino de Dios, haciéndose presente hace 2000 años e incrementándose como un reino que no tiene fin (Isaías 9:7).

 

No estoy esperando el Reino. Estoy en el Reino y mi tarea es extenderlo.